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ESPAÑA CELEBRA LA FIESTA DE LA VIRGEN DEL PILAR EN JERUSALÉN

Fecha: Martes, 12 de Octubre de 2004
Fuente: Custodia de Tierra Santa


HOMILÍA
de fray Artemio Vítores
Vicario de la Custodia de Tierra Santa

Queridos hermanos y amigos:

"Según una piadosa tradición, los primitivos cristianos levantaron una ermita en honor de la Virgen María a las orillas del Ebro, en la ciudad de Zaragoza": así empieza el "Elogio de nuestra Señora del Pilar", que puede leerse en el Breviario en la fiesta del 12 de octubre. Son palabras sencillas, como es la imagen de la Virgen del Pilar: una estatua de sólo 38 cm. Esta sencillez nos hace recordar las palabras de María: "Ha mirado a la pequeñez de su sierva… Ha hecho en mí grandes cosas". Porque, como decía Juan Pablo II en una de sus visitas a la Virgen del Pilar: "¡Qué pequeña eres, pero qué influencia tan grande tienes!".

No sabemos si son verdaderas o no las palabras que cantan con fervor tantos zaragozanos: "Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza". Pero una cosa es cierta. "Algo" pasó, ya que el cristianismo arraigó pronto a las orillas del Ebro y la devoción a María ha sido y es una constante en la vida de España, como una semilla que germina y da frutos abundantes. Por eso, podía decir Juan Pablo II: "Doy fervientes gracias a Dios por la presencia singular de María en esta tierra española que tantos frutos ha producido".

De hecho, en la fiesta del Pilar del 12 de octubre de 1492, hace ya 512 años, tiene lugar el encuentro del pueblo español con los habitantes de América. Los españoles, guiados por Colón y sus marineros, llegaron a América a bordo de tres carabelas, cuya capitana se llamaba "la Santa María"; la Virgen del Pilar fue para ellos "luz y faro esplendente", como se canta en el himno a la Virgen. Comienza así la evangelización del continente americano. Se pueda hablar bien o mal de esta acción misionera, de errores y de injusticias. Pero una cosa es cierta: se ha formado una comunidad que tiene la misma lengua, la misma cultura, los mismos deseos de luchar por la justicia y por los derechos del hombre, y que tiene sobre todo la misma fe cristiana y mariana. Es esa realidad que llamamos Hispanidad.

Una conmemoración no puede limitarse a recordar las glorias del pasado. Tiene que mirar al futuro. ¿Qué valor tiene hoy para nosotros la fe cristiana y mariana que estamos rememorando? La pregunta que tiene su importancia, sobre todo a la luz de las noticias que nos vienen de España. No vamos a entrar aquí en polémicas sobre la obligatoriedad de la clase de religión, el aborto fácil y el divorcio, el matrimonio entre los homosexuales, la eutanasia y otras cuestiones que preocupan a la sociedad española. Quizás más importante es preguntarse: ¿se quiere destruir el cristianismo como valor esencial del alma de España?
Me parece que hoy se está atentando contra el derecho natural más importante del hombre: el derecho a la libertad religiosa. Nadie duda que en nuestro País se acepta el derecho de todos, sean cristianos, judíos o musulmanes, a creer y practicar lo que la propia fe les dicta. No podía ser menos. Sin embargo, el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre reconoce que el derecho a la libertad religiosa incluye también el de manifestar las propias creencias tanto individualmente como colectivamente, en público y en privado, y se extiende a muchos campos: actos de culto, difusión de las verdades de naturaleza religiosa, organización y difusión de parte de grupos religiosos de su vida y de sus creencias.

Ahora bien, siendo la libertad religiosa el derecho natural más importante, la piedra angular de los derechos humanos, el corazón de todos, ya que se refiere a lo más íntimo del hombre, su conciencia, es deber de las autoridades civiles asegurar que todos los derechos de las personas y de las comunidades, en especial éste, sean respetados y salvaguardados, evitando cualquier discriminación por motivos religiosos. Decía Juan Pablo II: "la pertenencia a una religión no puede ser nunca motivo de discriminación ni ningún ciudadano debe sentirse huésped en su propio País".

Es verdad que la laicidad del Estado es un principio legítimo, si se concibe como distinción entre la comunidad política y la comunidad religiosa (cf. GS 76). Pero "laicidad no es laicismo", como recordaba Juan Pablo II, el 12 de enero de 2004, al Cuerdo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Personalmente creo que en muchos sectores de España se está poniendo en tela de juicio este derecho fundamental. No habrá nunca libertad si no hay igualdad de todos. Y no la hay si la práctica de la religión está condicionada por impedimentos legales, psicológicos, sociales, económicos o culturales.

Si todos reconocemos la obligación del Estado de promover los derechos sociales, políticos o culturales de todos sus súbditos, ¿por qué no se reconoce la importancia que tiene el cristianismo en la vida de los españoles? Todos sabemos que la visión cristiana del hombre, que es universal e igualitaria (Dios es padre de todos y Cristo a muerto por todos) nos ha transmitido no solo un una cultura, un arte, una filosofía, un derecho, que forman parte de nuestro "ser español"; sino, sobre todo – y esto es lo más importante -, ha impregnado nuestra vida de valores fundamentales: la igualdad y la universalidad del género humano; la organización política de la sociedad; la dignidad de la persona humana, el sentido profundo de justicia y de libertad, la laboriosidad, el espíritu de iniciativa, el amor a la familia, el respeto por la vida, la tolerancia, el deseo de cooperación y de paz. Y todo esto puede estar hoy en peligro.

Pidamos a María, la Virgen del Pilar, esa mujer que escuchó y acogió la Palabra de Dios con la fe y la puso en práctica, como nos dice el Evangelio de hoy, que sea nuestra guía y nuestro modelo; que sea, como lo fue para el pueblo elegido, el Arca de la Alianza que nos guíe en nuestro camino de la historia, como guió a nuestros antepasados. Esa columna sobre la que se apoya la Virgen del Pilar, sea para nosotros un símbolo de la Iglesia, siempre perseguida, pero siempre en pie, "abrazada a la esperanza". Que ¡así sea!

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Created / Updated Friday, 8 October, 2004 at 7:48:46 am by J. Abela, E.Alliata, E. Bermejo
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