banner

logog

© franciscan cyberspot


CUSTODY OF
THE HOLY LAND,
Franciscan Friary,
St.Francis Str.1,
Jerusalem



MENU

LATEST
CUSTODY
COMMUNICATIONS
SBF
FPP
CIC
FAI
SHRINES
VIA CRUCIS
PILGRIMS
MADABA MAP

Contact

LOS JÓVENES FRANCISCANOS EN BUSCA DEL ROSTRO DEL SEÑOR: EJERCICIOS ESPIRITUALES EN EL MONTE TABOR

Fecha: 30.9.2005
Fuonte: Custodia de Tierra Santa

Del 19 al 24 de septiembre del 2005, como cada año, han tenido lugar en el monte Tabor los ejercicios espirituales para los estudiantes franciscanos del Studium Theologicum Jerosolimitanum. Éste es un tiempo de Gracia, que este año se ha visto acrecentada por el hecho de ser el propio Custodio de Tierra Santa, Fray Pierbattista Pizzaballa, a realizarlos como predicador. El Custodio ha querido asumir este empeño con el objetivo superar la visión tan burocrática que acompaña su cargo y en definitiva mostrarse como animador espiritual de la fraternidad que le ha sido confiada.
Este año han sido los estudiantes a poder seguir las diversas jornadas de meditación desarrolladas por Fray Pierbattista, pero el proyecto prevé que los diferentes grupos de frailes que realicen los ejercicios espirituales a lo largo del año puedan encontrarse con el P. Custodio.
Para todo aquel que fuese interesado en compartir la excepcionalidad de este evento, querríamos ofrecer una muestra del contenido de estos días de Gracia pasados en la cima del monte de la Transfiguración.
El hilo conductor sea de las meditaciones, sea de las puestas en común realizadas por todos los miembros de la fraternidad, ha sido: “Buscar el Rostro del Señor”. Guía obligada de esta búsqueda ha sido la Sagrada Escritura, con el contributo de la espiritualidad de la Orden contenida en los textos de las “Fuentes Franciscanas”.

El Primer día, 19 de septiembre.

Se realizó la apertura con la lectura de Jn. 14, 2-9, donde se nos recuerda como no se pueda encontrar el Rostro de Dios sino en el Rostro de Jesús de Nazaret. Comparando este extracto con Jn 12, 20-26 se llega a la conclusión de cómo el deseo de encontrar a Jesús conlleva el seguirlo por el camino que Él mismo ha recorrido: El Camino de la Cruz. De hecho al deseo de aquellos griegos que quieren ver a Jesús, Él mismo ha respondido con la imagen del grano de trigo que debe morir para dar mucho fruto: evidentemente una referencia a Su destino de muerte y resurrección.
Contemplar el Rostro del Señor significa encontrarLo, hacer experiencia de Él, comenzar una relación. Es significativo que la Sagrada Escritura, tan rigurosa en el rechazo de representar a Dios, use con frecuencia (casi 400 veces) la expresión “el Rostro de Dios”. Esto demuestra que la relación con el Señor no puede ser algo de abstracto.
La lectura de algunos Salmos (17 ó 24, por citar algún ejemplo), nos han ayudado a entender como buscar el Rostro de Dios signifique vivir plenamente según la Ley de Dios, buscando incesantemente la justicia.
Las preguntas que se han suscitado al final han sido: ¿Es urgente buscar el Rostro de Dios?, ¿Cuánto nos conmueve vitalmente esta búsqueda?, ¿Cómo lo buscamos de forma concreta?, ¿Existen signos de astío en este nuestro camino de búsqueda?.
No es descartable que por el mero hecho de ser religiosos, seamos expertos en esta relación profunda con Dios. Poner todo acto en relación con Dios es un serio problema de fe, que es necesario revivir día tras día, ahí el por qué a todas estas preguntas.
Otros fragmentos ofrecidos para nuestra meditación han sido Ex 33, 18-23; Dt 18, 15 y 34, 10; puestos en relación con Ac 7, 37. La Revelación está abierta hacia la contemplación del Rostro de Dios en Jesucristo. Moisés tuvo una relación muy especial, única, de amigo de Dios, pero sólo Jesús ha vivido está relación, de Hijo. La Gloria de Dios refulge en la Faz de Cristo, nos dice San Pablo (2Co 4, 6): Contemplar el Rostro de Dios e seguir a Jesús en Su Misterio pascual de muerte y resurrección.

Segundo día, 20 de septiembre.

Este día estuvo dedicado a la meditación del relato de la Transfiguración en los tres Evangelios sinópticos. El primer paso fue contextualizar el episodio en cada uno de los Evangelios. Leyendo de hecho Mt 16, 13 a 17, 9; Mc 8, 27 a 9, 10 y Lc 9, 18-36, se aprecia como la Transfiguración está precedida de la pregunta de Jesús a los Discípulos acerca de Su identidad: ¿Cuál es Su Rostro?, podríamos decir siguiendo el hilo de la meditación del día anterior. Acto seguido viene la confesión de fe de Pedro: “Tú eres el Cristo” y el anuncio de la Pasión. En esta misma línea Jn 12, 20-26, encontrado Jesús nos dice que el Mesías es el siervo sufriente de Isaías, que la Revelación del Cristo como Hijo de Dios y Mesías es la Pasión. A la oposición de Pedro Jesús responde el bien conocido “Vade retro Satanas”, entendido como “ponte tras de mi”, pues quien quiere entenderme debe seguirme y seguirme en el camino de la Cruz. En este punto los Evangelistas, guiados por un fin catequista más que histórico, insieren el episodio de la Transfiguración. Fueron subrayados algunos elementos presentes en relatos evangélicos que pudiesen ayudarnos en nuestra meditación:
-El tiempo: 6 u 8 días después de la confesión de Pedro. Destacando la confirmación del Padre a la formula emitida por el Príncipe de los Apóstoles.
-Las personas: Pedro, Santiago y Juan. Los mismos que se encontrarán presentes en la agonía de Getsemaní.
- El lugar: el monte. Lugar privilegiado de las teofanías veterotestamentarias (el Sinaí, el Horeb, el Carmelo…)
-El hecho: la luz, el anuncio de la Resurrección, Moisés y Elías, signo de la Ley y los Profetas, la nube, signo bíblico unido a la Presencia de Dios y a Su manifestación, el sueño de los Apóstoles, recordando el de Abraham en Gn 15, 12en el contexto de una teofanía y de la estipulación de la Alianza y el de los discípulos en Getsemaní.
Queriendo sintetizar estos datos se puede decir que el pasaje de la Transfiguración es una teofanía que revela Jesús como Mesías, Elegido, Hijo, que da cumplimiento a la Ley y los Profetas, siempre en el contexto del Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección.
La Figura que más realce encuentra en los textos citados es la Pedro, el único a hablar, sea para profesar la confesión de fe, sea para refutar la cruz anunciada por el Maestro o en la Transfiguración. Es figura emblemática del discípulo que ve y no ve, tiene una visión superficial del mesianismo, reconoce la belleza de la Transfiguración, la cual querría fijar en el tiempo, “hagamos tres tiendas”. Pedro representa la dificultad de todos nosotros a conciliar el Cristo glorioso y el Cristo paciente, la luz del Tabor con soledad en la cual Jesús queda cuando la luz se desvanece “no vieron a ninguno más, sino a Jesús solo” (Mt 17, 8).

Tercer día, 21 de septiembre

Dedicado a la meditación del texto de las Tentaciones de Jesús en el desierto, siguiendo los relatos de Mt 4, 1-11 y Lc, 4, 1-13. Aunque si el contexto es importante. Antes de las tentaciones es descrito el bautismo de Jesús y su revelación como Hijo de Dios, Lucas inserirá en este pasaje la genealogía de Cristo concluyendo con la afirmación de Su filiación divina. Mientras los evangelistas colocan el inicio del ministerio público de Jesús en Galilea .
La referencia a la filiación divina de Jesús es evidente porque el Tentador exorta con una condicional: “Si eres el Hijo de Dios…” frase que se repetirá en otras tentaciones que Jesús sufrirá a lo largo de su vida: emblemático es el caso de la crucifixión (Mt 27, 40). La tentación es siempre la misma y tiene a que ver con la imagen de Mesías que Jesús está llamado a revelar. Pero veamos más detenidamente las tres tentaciones.
La tentación de las piedras a transformar en pan es la tentación en la cual han caído todos los sistemas ideológicos de la historia, y de la que la Iglesia no siempre ha estado ausente: satisfacer las necesidades inmediatas de los hombres, dando la vuelta a la escala de valores dictados por Dios. La respuesta de Jesús es: “buscar primero el Reino de Dios…” (Mt 6, 33). El hambre es un problema importante, más aún lo es la libertad, pero la única cosa esencial es la adoración. La adoración, el vivir la Palabra de Dios, otorga la capacidad de dar a todo su justo valor y advertir sus reales proporciones. Todos los problemas se resuelven si se abren los ojos a Dios, si se le pone a Él en primer lugar, si se reconocen sus derechos. Dios es el Creador, tú la criatura, he aquí lo que no quiso reconocer el primer tentado, Adam, es aquello que el nuevo Adam viene a revindicar.
En la segunda tentación el Diablo vuelve a poner a prueba la confianza de Jesús en Su Padre, fundada en la unión filial. Si Jesús se hubiese arrojado desde el pináculo del Templo habría caído a la Gehenna, valle al que se asoma el complejo de Templo: al Sheol (palabra sinónima de Gehenna) Jesús descenderá tras la muerte en la cruz, siempre por obediencia a la voluntad del Padre, no en un comportamiento de desafío a Dios.
Finalmente la tentación de dominio del mundo. El Tentador ofrece a Jesús la victoria sobre el mundo. Extraño esto, ¿el Mesías no ha venido exactamente a eso, a “vencer el mundo” (Jn 16, 33)?, ¿por qué rehusa?, ¡porque el Diablo pide para sí aquella adoración reservada sólo a Dios!. En otro monte (Mt 28, 16-17) Jesús Resucitado dirá: “ me ha sido dado todo poder en el cielo y la tierra” , pero este poder le ha sido dado porque eligió seguir hasta el final la voluntad de Dios y en el Calvario venció definitivamente al Diablo con plena satisfacción del Padre.
En resumen podemos que todas las tentaciones se resuelven en una sola: a Jesús se le pide de elegir otro tipo de mesianismo, uno que evite la Cruz, que rechace el proyecto de Dios con el sufrimiento que ello comporta, aún como única vía para conceder la victoria sobre el pecado del mundo. Los dos estilos de mesianismo se pueden ejemplificar en el contraste existente entre Jesús y Barrabás durante los acontecimientos de la Pasión. Barrabás (Bar-Abba) en arameo significa “hijo del Padre”, pero su mesianismo era el de los celotas, quienes buscaban la liberación inmediata mediante la violencia y la guerra. Mientras que el de Jesús deja que la violencia del mundo se descargue y arremeta contra Él y sea redimida en Su muerte de cruz. La pregunta que nace al final de esta reflexión es: ¿Qué concepción de Mesías tengo yo?, ¿Quién es para mí el Hijo de Dios? ¿qué Rostro de Dios reflejo yo, y cual reflejamos como fraternidad?, ¿seguimos, individualmente y como comunidad, a Jesús o a Barrabás?.

Cuarto día, 22 de septiembre

La meditación siguiente ha revisado el episodio del bautismo de Jesús, ayudándonos a reflexionar sobre el sentido del pecado y de la Reconciliación sacramental en nuestra vida.
Mt 3; Mc 1, 1-13; Lc 3, 1-22, son los relatos que hemos tomado en consideración. Juan el Bautista administraba un bautismo de conversión, tras la confesión de los pecados, usando como símbolo el agua. Jesús va hasta él poniéndose en fila con los pecadores. Se rebaja hasta compartir nuestra condición de pecado, es el Cordero de Dios que carga sobre sí el pecado del mundo, pero esto escandaliza a Juan, y quizás no sólo a él. Es la cotidiana dificultad a reconocer a Jesús en la cruz, “tratado como un maldito”, dice San Pablo. Jesús come con pecadores, es verdaderamente un dios que se sale de cualquier esquema. Algo que los fariseos de toda época no llegan a entender, y es que no es el pecado que impide la actuación de Dios, quien posee el sentido, la percepción de pecado, posee también el sentido de Dios. Por el contrario donde hay autosuficiencia y presunta justicia, es ahí que se bloquea toda intervención de Dios (Mt 21, 32; Lc 7, 30).
Pero si tenemos el sentido de pecado, por tanto también el sentido de Dios, se advierte cuan frecuentemente nos confesamos. ¿Cuál es mi conciencia de ser salvado? Si no me siento redimido quiere decir que no he encontrado aún a mi Redentor, no he hecho aún experiencia del Señor. ¿Nos comportamos como redimidos, nos sentimos salvados, liberados, o estamos aún en busca de esta salvación y liberación?.

Quinto día, 23 de septiembre

La última meditación se ha centrado en el tema del agradecimiento, partiendo como siempre de la Palabra de Dios: Lc 17, 11-19, el episodio de los diez leprosos sanados, de los que únicamente uno retorna para dar gracias al Señor. El relato está inmerso en el contexto del discurso escatológico de Jesús sobre las exigencias del Reino de Dios que se avecina. E así mismo una anticipación a la Pascua, ya que Lucas subraya que nos encontramos “durante el viaje a Jerusalén”. Los protagonistas son unos leprosos, unos excluidos por la sociedad, que se acercan a Jesús llamándolo Maestro (única vez que se encuentra este titulo en boca de personas ajenas al grupo de discípulos del Señor). Los diez realizan un acto de fe y de obediencia de acuerdo con la palabra de Jesús, los diez son sanados. Pero sólo uno retorna para alabar a Dios (expresión ésta que San Lucas emplea para enfatizar la glorificación de Dios por las grandes obras que Él realiza, Lc 2, 20; 24,53). Aquel que vuelve es un samaritano, signo de la universalidad de la salvación traída por el Cristo. Jesús se pregunta donde está la fe de “los suyos”, de aquellos que deberían de haberlo acogido. El agradecimiento parece más fácil fuera del circulo de quienes estarían llamados a escucharLo, y esto es porque se tiene la capacidad del estupor, de sorprenderse. Si la gratitud es el signo de la salvación, la lepra en este contexto representa el síntoma del malestar interior, la crítica amarga, la desconfianza, la pereza, el astío espiritual, el descontento…en definitiva todo aquello que se opone a la gratitud. Los nueve que no retornan no son capaces de ver la salvación obrada en ellos. Jesús alaba el leproso que ha “desobedecido” la orden de ir a Jerusalén y presentarse ante el sacerdote: la fe no consiste únicamente en obedecer una orden, sino en ser capaz de agradecer, de “retornar a Jesús”, para dar gloria a Dios. Los nueve han seguido la letra, no el espíritu de aquello que les ha dicho Jesús; han buscado los dones de Jesucristo (de nuevo Barrabás y sus respuestas inmediatas), no Jesús mismo.
Preguntémonos: ¿vivimos a bastante la dimensión de la alabanza y del reconocimiento?, ¿por qué es tan difícil agradecer?, quizás porque es necesario reconocerse deudores hacia los dones recibidos de los demás. La fe es recibir y restituir, es reconocer que todo es gracia.
¿Qué particular en mi vida siento que debo agradecer a Dios?, ¿vivo la gratitud hacia Dios, la Iglesia, la Orden, la Custodia como provincia, mis superiores?
San Francisco tenía gran fe y gran sentimiento de gratitud, de restitución a Dios por los dones recibidos a través de sus obras, de su propia vida, del ejemplo (FF 49; 63 ss.; 156-157; 390).
Los ejercicios se concluyeron con una memoria de la que el Custodio quiso hacernos participes, sobre el estado de la Custodia de Tierra Santa tras este poco más de un año de servicio como Provincial.
Como acto final y fruto de la conversión que cada uno está llamado hacer al terminar los ejercicios, tuvo lugar una celebración penitencial. A esto se une el deseo de que cada uno pueda hacer brillar en su propia vida el Rostro del Señor, rostro de sufrimiento asumido por amor, rostro de gloria entregada por el Padre en respuesta a nuestra conformidad a su Hijo crucificado y resucitado.

Fray Alessandro Coniglio



bullet  News Main                                                 Custody Main  bullet

rightlogo


News
Archive


 

FOLLOW THIS LINK IF YOU WANT TO Contact us - Contattaci - Contacte con nosotros

Please fill in our Guest book form - Thank you for supporting us!
Created/Updated September, 2005 at 11:42:27 by J. Abela, E.Alliata, E. Bermejo, Marina Mordin
Web site uses Javascript and CSS stylesheets - Space by courtesy of Christus Rex

© The Franciscans of the Holy Land

cyber logo footer