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FIESTA DE LA VIRGEN DEL PILAR 12 DE OCTUBRE DEL 2005

Fecha: 13.10.2005
Fuente: Custodia de Tierra Santa

Homilía para la fiesta nacional de España


Sr. Cónsul General de España y señora. Queridos hermanos y amigos:

El significado del 12 de octubre

Una vez más tenemos la dicha de celebrar la fiesta nacional de España. Debe ser para nosotros un momento entrañable, porque es la fiesta de nuestra Patria, y “Patria” viene de “padre”: es como si celebráramos el cumpleaños de nuestro progenitor. Celebramos la fiesta nacional el 12 de octubre, solemnidad de la Virgen del Pilar; es un día especial para nosotros, pues sirve para hacer memoria de nuestros orígenes, que remontan a tiempos inmemoriales, cuando, según la tradición, la Virgen se apareció, en Zaragoza, al Apóstol Santiago, dando así inicio a la fe cristiana de los españoles; una fe cristiana que se caracteriza por su nota mariana y que se puede constatar en cualquier pueblo de España. Es pues también una fiesta de nuestra Madre, la Virgen María. Hacemos también hoy memoria del 513 aniversario del encuentro del pueblo español con los habitantes de América. El 12 de octubre de 1492 los españoles, guiados por Colón, llegaron a América a bordo de tres carabelas, cuya capitana se llamaba “la Santa María”. La Virgen del Pilar fue para ellos “luz y faro esplendente”. Fue el comienzo de la evangelización del Nuevo Continente, donde se ha formado una comunidad que tiene la misma lengua, la misma cultura, los mismos deseos de luchar por la justicia y por los derechos del hombre, y que tiene sobre todo la misma fe cristiana, hermanado así a todas las naciones y a todos sus habitantes en una inmensa familia. Por eso hoy es también “el Día de la Hispanidad”. Como símbolo de esta unión y de la misma fe cristiana y mariana, todas las naciones iberoamericanas están representadas, con sus banderas y con sus mantos, ante la Virgen del Pilar. Hoy es pues, ante todo, “una fiesta de familia” y por eso lo celebramos.

Las lecciones del pasado para el presente

¿Qué nos dice hoy, a nosotros, esta fiesta tan familiar? Nos enseña, ante todo, que la familia se construye con la colaboración de todos. No es éste un tema fácil, en una época como la nuestra, en la que el mismo concepto de familia ha entrado en crisis, y tanto las familias como las naciones sufren una ruptura difícil de superar. Y, sin embargo, la fiesta hodierna nos da algunos elementos que nos pueden ayudar en nuestro camino de “hacer familia”.

En primer lugar, tenemos ante nosotros el símbolo del Río Ebro. Este verano estuve en Fontibre. Pensaba, contemplando ese pequeño manantial, que quizás la aparición de la Virgen a Santiago, a orillas de este río que da su nombre a Iberia, a España, es todo un símbolo o quizás un signo de la Providencia divina. El agua del Ebro, que ha crecido con la colaboración de otros ríos, riega generosamente Cantabria, El País Vasco, Castilla y León, Navarra, la Rioja, Aragón y Cataluña, y quizás podría aliviar la sed de otras regiones de España. El Ebro simboliza, creo yo, la generosidad de Dios nuestro Padre que distribuye sus bienes a todos sus hijos.

Por otra parte, todo el proceso de la evangelización de América, a mi modo de ver la mayor realización del pueblo español, fue obra de todos. Leyendo los relatos de los primeros misioneros, como los 12 Apóstoles de México o de Fran Juan de Zumárraga, constatamos que en esa labor trabajaron todos: andaluces, extremeños, castellanos, vascos o catalanes. Miles de misioneros, la mayor parte de ellos franciscanos, han trabajado sin descanso en la evangelización de América.

Por fin, un símbolo que ha unido a todos los miembros de nuestra familia ha sido siempre María. Ella, no sólo es “la Madre de España” y la devoción a María ha constituido siempre “la garantía de la fidelidad de España a la fe católica”, como decía Juan Pablo II. María, es también, como repetía el Papa, la “Estrella de la Evangelización”, y ha la devoción mariana de los pueblos de América, simbolizada en el amor a Nuestra Señora de Guadalupe, “la primera evangelizadora de América”, la que ha impulsado la predicación de Cristo en el nuevo Continente y ha hermanado a todas las naciones latino-americanas y a todos sus habitantes.

Mirando hacia el futuro

No hace falta ser profeta para constatar que en España estamos atravesando una crisis de valores: vivimos en una época en la que prevalece el consumismo; el relativismo se ha adueñado de nuestro modo de pensar; el individualismo nos domina; hay una profunda crisis de la familia; existe una descristianización constante en amplias esferas de la sociedad; y asistimos a intentos que quieren destruir nuestra esencia como nación. ¿Cómo afrontar el futuro?

“¡No hay que tener miedo!”. Hay muchos cristianos que han perdido el coraje de proclamar el mensaje de Jesucristo ante una sociedad descristianizada. Lo mismo que pidió el ángel a María en Nazaret y a las mujeres ante el Sepulcro Vacío de Cristo; lo mismo que pidió María a Santiago en Zaragoza y a los primeros evangelizadores de América, nos dice hoy Cristo y María a nosotros: ¡No tengáis miedo!

Además, el Señor nos invita en la fiesta de hoy a emprender nuevos caminos, pues, como bien sabe María, “para Dios no hay nada imposible”. Eso significa trabajar todos juntos como hicieron nuestros antepasados por el bien de la humanidad. Tenemos que luchar por la dignidad de la persona humana y por el respeto de la vida de todos; hay que recuperar el sentido profundo de la justicia y de la libertad; hay que insistir en el valor de la laboriosidad y hacer nuestra la cultura de la tolerancia, de la paz, y del respeto al “otro”, aunque sea diferente de nosotros; la solidariedad debe animar nuestras vidas. Tenemos delante de nosotros retos muy importantes: lo estamos viendo estos días en España con la desesperación de los emigrantes y lo vemos cada día en Tierra Santa con la paulatina, pero imparable, desaparición de los cristianos. No podemos perdernos “en peleas y disputas” que no llevan a nada. No basta hablar; hay que hacer algo concreto. “Dadles vosotros de comer” (Lc 9,13), diría también hoy Jesús a sus discípulos, que somos nosotros. Todos podemos hacer algo, si estamos unidos. Cada uno, según sus posibilidades y aptitudes, puede contribuir al bien de la familia. Pues, como decía Juan Pablo II, repitiendo una frase de Jesús: “la diversidad es siempre buena y enriquecedora; la división, por el contrario, es escandalosa y empobrecedora”.

Pidamos a María, la Virgen del Pilar, esa mujer que escuchó y acogió la Palabra de Dios con la fe y la puso en práctica, como nos dice el Evangelio de hoy, que sea nuestra guía y nuestro modelo; que sea, como lo fue para el pueblo elegido, el Arca de la Alianza que nos guíe en nuestro camino de la historia, como guió a nuestros antepa-sados. Que ¡así sea!



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Created/Updated October, 2005 at 11:42:27 by J. Abela, E.Alliata, E. Bermejo, Marina Mordin
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